La atmósfera en la mansión Seller se había vuelto densa, como el aire antes de una tormenta eléctrica. Mientras en los niveles inferiores se respiraba un alivio triunfal por la recuperación de los documentos, en las habitaciones superiores el veneno de la traición y el fracaso personal seguía supurando. Ariel estaba sentada al borde de su cama, rodeada de lujos que de repente le parecían trofeos de una guerra perdida, cuando su teléfono rompió el silencio.
—¿Aló? —contestó ella, su voz apenas u