La oscuridad en aquel terreno baldío era casi absoluta, interrumpida solo por el lejano resplandor de las luces de la ciudad y el crujido de la maleza bajo los neumáticos. Abram detuvo el auto de Zeynep en un rincón donde la vegetación era más espesa, un lugar donde el vehículo pasaría desapercibido hasta que él pudiera decidir su destino final.
Justo cuando apagaba el motor y se disponía a bajar, un brillo intermitente en el asiento del copiloto llamó su atención. El teléfono de Zeynep. El nom