Zeynep entró al comedor tratando de que el eco de la llamada de Carlos no se reflejara en su postura. Se sentó con elegancia al lado de Kerim, sintiendo el calor de su presencia como un escudo temporal contra el mundo.
—Buenos días a todos —dijo Zeynep, barriendo la mesa con una mirada que buscaba normalidad.
Baruk asintió con la solemnidad de un rey en su trono: —Buenos días, hija. Selim, siempre cálida, le dedicó una mirada radiante: —Buenos días, querida. Ariel, sin embargo, mantuvo la vista fija en su plato de frutas, ignorando el saludo con un silencio que pesaba más que cualquier insulto.
Emmir, que disfrutaba del espectáculo de ver a su hermano tan cambiado, rompió el hielo con una sonrisa pícara, alternando la mirada entre Kerim y Zeynep.
—Y bien... digan algo. ¿Fueron al cine al final? —preguntó Emmir, apoyando los codos en la mesa.
Kerim y Zeynep compartieron una mirada rápida, un código secreto que solo ellos entendían tras la tormenta de la noche anterior. Kerim soltó una