Zeynep entró al comedor tratando de que el eco de la llamada de Carlos no se reflejara en su postura. Se sentó con elegancia al lado de Kerim, sintiendo el calor de su presencia como un escudo temporal contra el mundo.
—Buenos días a todos —dijo Zeynep, barriendo la mesa con una mirada que buscaba normalidad.
Baruk asintió con la solemnidad de un rey en su trono: —Buenos días, hija. Selim, siempre cálida, le dedicó una mirada radiante: —Buenos días, querida. Ariel, sin embargo, mantuvo la vista