El mandato del patriarca
El sonido del motor del coche de Kerim aún resonaba en la mente de Zeynep cuando cruzó el umbral de la entrada principal. La casa se sentía inmensa y hostil sin él. Sin embargo, no tuvo tiempo para la melancolía.
Al entrar en la sala de estar, se encontró con la figura imponente de Baruk Seller. El patriarca estaba de pie junto a la chimenea apagada, revisando unos documentos con el ceño fruncido. Al escuchar los pasos de su nuera, levantó la vista.
—Ah, tú, Zeynep —dij