Mientras conducía por la autopista, marcó un número que había conseguido gracias a sus contactos en el bajo mundo de las apuestas.
—¿Bueno? —contestó una voz masculina y rasposa.
—Hola, Carlos —dijo Ariel, su voz recuperando el tono dulce y manipulador.
Hubo una pausa al otro lado de la línea.
—¿Quién habla?
—Soy Ariel Seller. La cuñada de Zeynep. Quiero que hablemos.
—¿Hablar? —Carlos sonó cauteloso—. ¿De qué?
—De negocios. De dinero. Y de venganza.
El interés de Carlos se despertó de inmediat