Kerim asintió y se dirigió a la salida. Zeynep se levantó de inmediato, limpiándose la comisura de los labios con la servilleta.
—Iré a despedirlo —anunció—. Con su permiso.
—Ve, hija, ve —dijo Selim con una sonrisa cómplice, observando cómo Zeynep casi corría tras él.
Selim miró a su esposo y susurró:
—Mira cómo Zeynep se desvive por su hijo. Ella está muy enamorada de Kerim.
Baruk asintió, satisfecho.
—Sí... están enamorados. Al final, mi decisión fue la correcta.
Ariel rodó los ojos y mordió su tostada con rabia.
Zeynep llegó al garaje subterráneo justo cuando el chófer terminaba de subir la maleta de Kerim al maletero del sedán negro. Kerim estaba de pie junto a la puerta del pasajero, revisando algo en su teléfono.
Al escuchar los tacones de Zeynep, levantó la vista y guardó el móvil.
Zeynep se acercó, cruzando los brazos sobre su pecho como si sintiera frío de repente. La realidad la golpeó: se quedaba sola. Sola con Ariel. Sola con Carlos.
Kerim la miró intensamente.
—Nos vemos