Un Amanecer Enlazado
La luz de la mañana se filtraba a través de las pesadas cortinas de terciopelo, creando líneas de polvo dorado que danzaban en el aire quieto de la habitación. Zeynep despertó lentamente, emergiendo de un sueño profundo y sin pesadillas, algo inusual en sus últimos días turbulentos.
Lo primero que sintió fue calor. Un calor sólido y reconfortante que la envolvía por completo.
Abrió los ojos perezosamente y se encontró mirando la tela gris de una camiseta de pijama. Subió la mirada y vio la línea fuerte de una mandíbula, una barba de un día y unos labios relajados en el sueño. Estaba recostada sobre el pecho de Kerim, con una pierna entrelazada con las de él y su brazo rodeando su cintura, manteniéndola pegada a su cuerpo como si fuera lo más preciado del mundo.
Zeynep sonrió involuntariamente. Por un segundo, olvidó las deudas, olvidó a Carlos y olvidó el contrato. Solo existía la sensación de pertenecer a ese lugar, a esos brazos. Aspiró el aroma de Kerim —una me