El Juicio de Ariel
Todos en la mesa estaban conmocionados. La empatía hacia Zeynep era palpable. Excepto en una persona.
Ariel estaba boquiabierta, pero no por compasión, sino por incredulidad. Su plan se había desmoronado. Carlos acababa de convertirse en el héroe discreto y Zeynep en la mártir.
Carlos giró la cabeza lentamente y clavó sus ojos oscuros en Ariel.
—Y bueno... —dijo Carlos con un tono que goteaba decepción—, como todos conocemos a la señora Ariel, ella no se pudo contener. Ella investigó a espaldas de la familia. Mi secretaria me comentó hoy que alguien llamó preguntando insistentemente si Zeynep trabajó allí. Ariel averiguó que sí, pero no se molestó en averiguar por qué se fue.
Todos los ojos se volvieron hacia Ariel. Ya no eran miradas de curiosidad, sino de juicio severo.
Emmir miró a su esposa con una mezcla de vergüenza y furia.
—Ariel... —dijo Emmir con voz grave—. ¿Cómo pudiste hacer esto? Acabas de desenterrar un secreto tan doloroso frente a todos. ¿No tienes