Zeynep caminó hacia su habitación con paso decidido. A pesar de todo lo que había ocurrido esa mañana, no estaba dispuesta a quedarse en casa lamentándose. Abrió el armario y comenzó a revisar su ropa hasta encontrar uno de sus mejores conjuntos: una falda elegante color crema, una blusa de seda que resaltaba su figura y un abrigo largo que la hacía lucir sofisticada.
Frente al espejo, se colocó unos lentes oscuros y dejó que su cabello cayera con naturalidad sobre los hombros. Se miró detenida