Kerim salió de la habitación. Se había duchado y traía consigo una cobija y una almohada. Caminó hacia la sala en silencio, pero al llegar, vio a Zeynep recogiendo los platos y tirando las cosas con evidente molestia.
Se detuvo un momento, observándola. Había rabia en sus movimientos, una furia contenida que se notaba en la manera en que colocaba cada objeto sobre la mesa.
—¿Sucede algo? —preguntó con voz firme.
Zeynep se sobresaltó al escucharlo y se giró de inmediato.
—No… nada —respondió, b