La mesa pequeña y desgastada de la cocina, donde Zeynep y Emma solían hacer sus tareas escolares, ahora albergaba los platos vacíos del almuerzo. La comida, sencilla pero deliciosa, había sido un pretexto para la tregua, obligando a Zeynep y Kerim a una conversación trivial mientras Emma observaba sus rostros tensos.
Al terminar, Emma recogió los platos con un aire de finalidad.
—Bueno —dijo Emma, secándose las manos con el delantal—. Yo tengo que salir a comprar algunas cosas que me hicieron f