El silencio en el diminuto salón se hizo insoportable después de la confesión de Kerim. La promesa de que "esta vez no te abandonaré" resonaba con el eco de todas las veces que la había dejado antes. Zeynep sintió el impulso de creerle, a pesar de las cicatrices que Kerim mismo había infligido.
Kerim se separó de ella, su expresión volviéndose de la vulnerabilidad al control. Había confesado lo que sentía; ahora era momento de actuar como el jefe de familia.
—Sé que te he lastimado, Zeynep —dijo Kerim, su voz baja y seria—. Pero eso se acabó. Entiendo que este lugar es tu refugio, pero tú ya no perteneces aquí.
Kerim avanzó, volviendo a la lógica de la Familia Seller.
—Te exijo tu regreso a la mansión. No por mí, sino por Evan. Debes ocupar el lugar que te corresponde como madre de mi hijo y como mi esposa. El nombre Seller debe estar blindado, y Evan necesita que luchemos por su bienestar juntos, bajo el mismo techo.
Kerim la miró a los ojos, su ultimátum envuelto en una capa de debe