El silencio en el diminuto salón se hizo insoportable después de la confesión de Kerim. La promesa de que "esta vez no te abandonaré" resonaba con el eco de todas las veces que la había dejado antes. Zeynep sintió el impulso de creerle, a pesar de las cicatrices que Kerim mismo había infligido.
Kerim se separó de ella, su expresión volviéndose de la vulnerabilidad al control. Había confesado lo que sentía; ahora era momento de actuar como el jefe de familia.
—Sé que te he lastimado, Zeynep —dij