No pensé más en ello. No me quedé a escuchar nada ni recibir explicaciones. Tal vez eran las hormonas del posparto, la sensación de sentirse rebasada y con los sentimientos a flor de piel; pero no me creía con la fuerza suficiente para soportar un enfrentamiento, ni siquiera para quedarme allí un minuto más.
Mi cuerpo se movió solo, recogiendo ropa, metiendo las cosas del bebé en una bolsa con movimientos que eran precisos y vacíos. No quería detenerme, porque sí me detenía, si me permitía dete