La camioneta avanzaba lentamente entre los contenedores apilados del puerto, el rugido del motor apenas audible entre el sonido de las olas golpeando el muelle. Tenía a mi bebé apretado contra mi pecho, su respiración cálida y tranquila contrastando con el caos que se desataba a nuestro alrededor. Mi corazón latía tan rápido que sentía que se iba a salir del pecho. A través de las ventanas polvorientas, podía ver a Maximilian de pie en medio de la bodega, rodeado por una docena de hombres armad