La felicidad fue breve. Tan breve que después me preguntaría sí realmente había existido o sí solo había sido un intervalo entre dos dolores, un respiro que el universo me había permitido volver a experimentar, como un sedante entre la agonía.
Tres días fue todo.
Fueron tres días de una felicidad que no podía sentirse más perfecta. Volvimos a Bellevue con un tercer miembro en nuestra pequeña familia. Fuimos recibidos con felicitaciones y abrazos; todo mundo hablaba del bebé y sobre el anuncio