El bebé llegó de madrugada. Un niño. Con el color de cabello de su padre, castaño, y mi color de ojos. Su primer llanto fue ensordecedor, pero tan tranquilizador para mí preocupado corazón. Fue un sonido completamente nuevo en el mundo.
—¡Felicidades, Herr, Frau! Son padres de un varón perfectamente saludable.
Con una exhalación de alivio y triunfo, lo pusieron en mis brazos dándome indicaciones de cómo sostenerlo. Y yo lo miré, a ese pequeño ser que era mitad mía y mitad del hombre que estaba