El sobre había vivido ocho meses dentro de una caja de zapatos, debajo de la cama donde Mariana dormía sola desde que el niño llegó a ocupar todo el espacio que no era físico. No era un escondite deliberado —o eso se decía ella cuando no quería pensar demasiado en por qué nunca lo había puesto en un cajón, en un archivero, en algún lugar que implicara intención de guardarlo o de encontrarlo. Estaba debajo de la cama porque era el lugar al que van las cosas que no sabemos si queremos conservar y