La resolución llegó a las dos y diecisiete de la tarde en forma de documento de cuarenta y tres páginas que el secretario del juzgado depositó sobre la mesa del abogado de Mateo con la misma indiferencia con que se deja un menú de comida corrida, y Mateo, que llevaba cuatro horas y media sentado en la segunda fila del pasillo exterior porque dentro solo podían estar los abogados y los testigos designados, supo que algo había cambiado antes de leer una sola palabra porque el abogado, Peralta, un