AURORA
El golpe directo me escuece en el pecho, pero me obligo a sostenerle la mirada, tragándome el nudo que se me forma en la garganta.
—¿Por qué? —le pregunto, con la voz firme pero cargada de una duda real—. ¿Por qué no se da la oportunidad de conocerme antes de cerrarme la puerta por completo?
—Eres humana —sentencia ella, con un tono arrastrado y amargo—. Ya conozco demasiado bien a los de tu raza. No necesito ver nada más.
Sin añadir una sola palabra, se da la vuelta con elegancia aristo