AURORA
Entro a la habitación a paso lento, empujando la pesada puerta de madera y cerrándola a mis espaldas. todos se han retirado a sus respectivos cuartos tras una cena que pareció durar una eternidad. Siento el cuerpo molido, como si hubiera corrido un maratón, pero es la tensión acumulada lo que me está pasando la factura.
Al girarme, lo veo. Sebasten está sentado en el borde de la cama, ya sin el saco, con las mangas de la camisa negra remangadas hasta los antebrazos y los primeros botones