AURORA
El viento fresco de la mañana azotaba con fuerza el asfalto de la pista privada. La turbina del avión de la familia ya emitía un zumbido sordo, constante, listo para el despegue hacia Noruega. La calma finalmente se había instalado en nuestras vidas y, con la amenaza de Fayir completamente erradicada, el deber llamaba a mis suegros de vuelta a su territorio principal.
Caminamos en grupo por la plataforma. Sebasten llevaba a Christopher bien protegido contra su pecho, envolviéndolo con su