AURORA
El silencio volvió a la pista, pero no era un silencio pesado ni lleno de miedo. Era la paz absoluta de un deber cumplido.
—Se fueron... —murmuré, apoyando la cabeza en el hombro de mi esposo.
—Volveremos a ver en diciembre —respondió Sebasten en un susurro cálido, dejándome un beso profundo en la sien—. Mientras tanto, el territorio es nuestro y la casa está en paz.
Miré a Christopher, que comenzaba a dormirse plácidamente en los brazos de Sebasten sin enterarse de que nos tocaba volver