Davian Taleyah
El salón de reuniones de mi empresa tenía ventanales de vidrio tintado que daban a la ciudad, pero aquella tarde el horizonte era solo una sombra nublada que no interesaba a nadie. Estábamos tres alfas sentados alrededor de una mesa de roble oscuro que parecía más un campo de batalla que una superficie para el diálogo.
Las voces alzadas rebotaban en las paredes como ecos feroces. Uno de los alfas, Tarek, un bruto de cuerpo ancho con temperamento volátil, golpeaba la mesa con el p