Julienne Percy
La sensación de sus labios aún ardía en los míos.
Me había dejado jadeando en el pasillo, con las piernas temblorosas y el corazón galopando como si quisiera salirse del pecho. Podía fingir todo lo que quisiera, repetir mentalmente que él era un monstruo, que no merecía ni un segundo más de mi atención, pero… mi cuerpo no mentía. Mi alma no mentía, y mi loba, Naseria, vibraba con expectación bajo mi piel.
No podía seguir huyendo de lo que sentía.
Esa noche decidí dar el paso que