Julienne Percy
Desperté envuelta en un calor que no reconocía como propio.
Mi cabeza descansaba sobre un pecho firme, desnudo y tatuado. El ritmo constante del corazón bajo mi oído era lo único que rompía el silencio. Una mano grande, caliente, estaba posada sobre mi cintura, como si ese toque fuera lo único que me anclara a este mundo. Y durante un instante… solo uno, me sentí a salvo. Hasta que lo recordé.
La mordida. El dolor. El colapso.
Mi cuerpo se tensó, y lentamente levanté la cabeza, e