Julienne Percy
Me miré en el espejo. No parecía tan rota. Aún delgada, aún frágil, pero mis ojos ya no tenían esa sombra opaca que me había acompañado las últimas semanas. Me peiné con cuidado, recogiendo mi cabello en una trenza suelta, y me coloqué un vestido de algodón claro que había evitado usar durante días. El contacto con la tela me pareció extrañamente reconfortante.
Un golpe suave en la puerta me sacó de mis pensamientos.
—Pase —murmuré.
La puerta se abrió con cautela, y una empleada