Los días siguientes trajeron una calma engañosa. Alfonso seguía reunido con Malcolm casi a diario. Un mes de hospedaje parecía corto para concretar las negociaciones, pero la tensión en la manada crecía como una ola.
Esa mañana, Beta Dalton irrumpió en la oficina sin llamar. Su rostro estaba serio.
—Alfa, esta vez son demasiados. Los lobos errantes están en la frontera norte. Parecen tener intenciones de quedarse.
Alfonso se levantó de golpe, furioso. La silla cayó hacia atrás de un solo golpe.