Alfonso se desplomó pesadamente en los brazos de Lila. Su cuerpo, cubierto de sangre y sudor, perdió toda fuerza en un instante. Lila lo sostuvo como pudo, cayendo de rodillas con él sobre el pavimento frío frente a la entrada de emergencias. El peso del Alfa era demasiado, pero ella se negó a soltarlo.
—¡Ayuda! —gritó Elena, corriendo hacia las puertas automáticas del hospital—. ¡Por favor, ayuda!
Varios médicos y enfermeros salieron corriendo con una camilla. Tomaron a Alfonso con rapidez y l