Las palabras de Alejandro cayeron como ácido sobre Alfonso. Ver a Lila, pálida y temblorosa, siendo arrastrada hacia la salida, desató algo primitivo dentro de él. Un rugido gutural brotó desde lo más profundo de su pecho. A pesar de estar en forma humana, el lobo interior tomó el control.
Con un esfuerzo brutal, tiró de las cadenas. El metal crujió, y luego de tirarlo con todas sus fuerzas, finalmente cedió. Una de las argollas se rompió con un chasquido seco. La transformación llegó como un