Los días comenzaron a pasar lentamente dentro de la manada. O por lo menos para Lila, que contaba los minutos en cada amanecer para regresar a la cama de nuevo.
Aunque el disturbio había terminado y Alfonso había dejado claro que nadie podía tocar a Lila, eso no impidió que las miradas cambiaran por completo cada vez que ella aparecía cerca. El ambiente seguía cargado de tensión, de desconfianza… y de culpa.
Cada rincón parecía recordarle lo mismo.
“Asesina.”
“Intrusa.”
Al principio intentó ign