A la mañana siguiente, el aire fresco de la huerta se sentía más húmedo de lo normal. El rocío todavía descansaba sobre las hojas y el aroma de la tierra mojada envolvía el ambiente con una aparente calma, porqué en la manada, en lugar de cesar los murmullos, cada día crecían con más fuerza.
Lila estaba arrodillada entre los cultivos, apartando lentamente algunas ramas mientras revisaba las plantas que crecían al lado de la cerca oriental. Había pasado gran parte de la madrugada revisando nueva