La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales del viejo teatro, como si la ciudad supiera que algo se quebraba en silencio. Arianna no volvió a presentarse durante varios días. Su camerino permanecía oscuro, su silla vacía frente al espejo, y su nombre no era mencionado por nadie más que por sus amigas, cuyas miradas se llenaban de preocupación. Greco, sin saber por qué, comenzó a sentir esa ausencia con un peso incómodo en el pecho. No conocía su nombre ni su historia, pero algo en la forma en