La mañana estaba bañada por la luz dorada del sol que se filtraba por los ventanales de la nueva mansión. El desayuno se había dispuesto en la gran mesa del comedor: pan recién horneado, frutas frescas, café fuerte y una selección de quesos italianos que Nonna había mandado traer expresamente.
Nonna Vittoria, con su elegancia habitual y el bastón apoyado a un lado, esperó a que todos se sentaran antes de dar la noticia. A su lado estaba Lorenzo, con esa serenidad de hombre que sabe exactamente