El salón de gala vibraba todavía con la música suave de los violines, el tintinear de copas y el murmullo de capos brindando por nuevas alianzas. La Reina Roja estaba en el centro, de pie sobre el escenario. Su porte era majestuoso, su vestido carmesí se fundía con el brillo del oro que adornaba la mesa principal.
Alzó la copa y su voz grave, inconfundible, se impuso sobre todos:
—La fiesta continúa, mis aliados. Esta noche no es solo celebración, es el inicio de una nueva era. Oro legítimo par