La nueva mansión de los Leone estaba bañada por la luz del mediodía. Los ventanales dejaban entrar un sol dorado que caía sobre el comedor principal, donde la mesa larga de caoba estaba cubierta con vajilla fina, copas de cristal y platos servidos con comida preparada por los mejores chefs que Nonna Vittoria había traído de Nápoles.
El olor a pan recién horneado y albahaca llenaba el aire. Por primera vez en mucho tiempo, el ambiente parecía ligero, casi familiar.
Greco estaba en la cabecera, i