La mansión de Vittorio olía a madera lustrada, cologne cara y lluvia que intentaba entrar por las rendijas. El mármol del vestíbulo brillaba como hielo. Retratos antiguos miraban desde las paredes, testigos sin lengua.
Una ventana lateral, zona ciega recién creada, cedió sin que nadie oyera nada que no fuera la tormenta. Greco entró primero, una sombra con corazón. Dante detrás, dos hombres más cerrando.
—Arriba —susurró Greco—. Ala oeste.
Pasaron frente a un guardia que bostezaba y nunca termi