Moscú, meses después del incendio
La nieve caía sin fuerza, pero el aire olía a hierro y memoria.
El avión descendió entre nubes grises, y el rugido de los motores resonó como un eco del pasado.
Ekaterina Volkov mantenía la mirada fija en la ventanilla. Moscú parecía dormida bajo una capa de hielo; solo las luces del aeropuerto cortaban la oscuridad.
A su lado, Morózov permanecía en silencio, el abrigo oscuro, los ojos serios. No necesitaban hablar: el vuelo cargaba suficiente tensión por los d