Villa Leone — Amanecer nublado.
El cielo estaba cubierto, como si incluso el sol temiera asomarse.
En la villa, el silencio era espeso.
Greco no había dormido.
Llevaba horas revisando las cámaras nuevas, los registros de acceso y los movimientos del personal.
En el monitor, un detalle lo hizo fruncir el ceño:
una de las niñeras —Inessa— aparecía saliendo del ala norte a las 3:17 a.m.
Pero no regresaba por la misma puerta.
Minutos después, una sombra se movía en el jardín…
exactamente en el punt