[Bodega – Madrugada]
Rubí estaba atada a una vieja silla de metal oxidado, en medio del silencio más absoluto. Las cadenas que apretaban sus muñecas crujían con cada movimiento nervioso que hacía. La lámpara colgante oscilaba lentamente sobre su cabeza, proyectando sombras siniestras sobre las paredes manchadas de sangre.
Frente a ella, LAS CABEZAS colgadas del techo, ya sin vida. Paolo, con la boca cosida con hilo negro grueso, como si alguien hubiese querido acallar su podredumbre hasta despu