📍 Villa Leone — Salón principal, esa misma noche
La chimenea crepitaba en la villa, llenando la estancia de un calor acogedor. Nonna Vittoria estaba sentada en su sillón, acariciando un rosario entre los dedos. Ravenna, la Reina Roja, permanecía de pie frente a la ventana, su silueta recortada por la luna.
Luciana bajó las escaleras apresurada, con el teléfono aún en la mano y lágrimas frescas en los ojos.
—¡Nonna! ¡Ravenna! —su voz temblaba entre emoción y nervios—. ¡Arianna llamó!
El rosario cayó de las manos de Vittoria, que se incorporó de golpe. Ravenna giró sobre sus tacones, con los ojos encendidos como fuego.
—¿Qué dijiste? —su voz salió ronca, cargada de incredulidad.
Luciana respiró hondo, conteniendo el llanto.
—Hace unos minutos… sonó el teléfono. Contesté, y era ella. ¡Arianna! Su voz… ¡estaba viva!
Vittoria se llevó una mano al pecho, tambaleándose hasta la mesa.
—¡Dios mío, grazie Dio! —las lágrimas le empañaban los ojos—. Mi niña… ¡mi leoncita vive!
Luciana se acercó