📍 Salón principal de la gala, Moscú
La música de la orquesta bajó de volumen cuando Mikhail Volkov se levantó con una copa de champán en la mano. Sus ojos grises brillaban de poder, su sonrisa era fría, calculada.
Arianna, de pie a su lado, sentía el vestido rojo como un hierro candente pegado a la piel. Sabía fingir sonrisas, pero en ese instante su corazón se detuvo.
—Damas y caballeros —anunció Volkov, con voz imponente—. Gracias por honrarnos con su presencia en esta noche tan especial.
El