La cocina de La Fortaleza parecía un campo de batalla, pero por primera vez en semanas, no tenía nada que ver con armas, tenía que ver con garbanzos.
Estefany estaba parada en medio de los fogones con un delantal atado a la cintura y los brazos en jarras, frente a ella el chef que Konstantin había contratado antes de morir, la miraba con una mezcla de indignación y terror. El pobre hombre llevaba su gorro alto impecable, pero sostenía un cucharón como si fuera un escudo.
—A ver si nos entendemo