La faja me cortaba la respiración, clavándose en mis costillas como un corsé medieval, pero sonreí, era mi cumpleaños, y en el mundo de los Armand, la sonrisa era parte del uniforme.Estás encorvada, Nuria —susurró Gael a mi oído, su mano apretando mi cintura con una fuerza que no era cariño, sino advertencia—. Enderézate, ese vestido crema te hace ver… ancha y lo último que necesitamos es que los socios piensen que te has abandonado.Me enderecé de golpe, sintiendo cómo la sangre se me subía a las mejillas.Lo siento —murmuré, alisando la tela holgada del vestido que él mismo había elegido para "disimular mis excesos".Hazlo por mí, cariño. —Gael me dio un beso rápido en la sien, frío y seco, antes de subir al escenario—. Recuerda: nada de pastel.Lo vi alejarse, tan guapo, tan perfecto en su traje italiano, a mi alrededor el salón de baile de nuestra mansión en Puerto Andraka brillaba con lámparas de cristal y joyas caras, yo me sentía una impostora, una mancha grande y torpe en un
Leer más