—Levanta un poco los brazos —pidió León, Su voz sonaba ronca, más grave de lo normal, en el silencio de la habitación.
Nuria obedeció con un suspiro de frustración, apoyando la espalda contra los cojines amontonados en el cabecero de la cama, León metió la esponja en el cuenco de agua tibia que había traído de la cocina, la escurrió con cuidado para no gotear las sábanas y empezó a pasarla por el cuello y los hombros de su mujer.
Llevaba tres semanas sin poder darse una ducha en condiciones, tr