Era un martes por la noche, a finales de octubre. Faltaban apenas tres días para la fecha programada por el doctor Hoffman.
La casa estaba en completo silencio, Alex ya llevaba un par de horas dormido y afuera llovía con ganas, una de esas tormentas de otoño que dejan los vidrios empañados. En la sala, la televisión estaba prendida con una serie que ninguno de los dos estaba viendo realmente.
Nuria estaba sentada en la orilla del sillón, con las piernas separadas para darle espacio a la enorme