Había pasado un mes exacto desde el día del entierro de Konstantin y el susto de la hemorragia, un mes de reposo absoluto, de purés insípidos, de televisión a bajo volumen y de mirar el jardín a través del cristal de la habitación de invitados.
El doctor Hoffman pasó un poco de papel por la tripa abultada de Nuria y apagó la máquina portátil.
—Se acabó —anunció el médico, quitándose las gafas y guardándolas en el bolsillo de la camisa—. El hematoma ha desaparecido por completo, la placenta está