Capítulo 83.
POV Martina.
La rutina empezó a sentirse como un alivio inesperado, un bálsamo suave sobre heridas que aún sangraban pero que comenzaban a cicatrizar. Por primera vez en mucho tiempo, mi existencia parecía estar envuelta en una paz frágil pero genuina, un velo de normalidad que me permitía respirar sin el peso constante del pasado. La galería recuperaba su energía vibrante, con lienzos nuevos que capturaban la luz de mi renacimiento; los niños corrían por la mansión con risas que resonaban como campanas de libertad, sus piececitos pisando los pasillos con una alegría que sanaba grietas invisibles. Y Santiago... Santiago volvía a compartir mi cama cada noche, mirándome con esos ojos que cada día se volvían menos extraños, más suyos y más míos, un océano de profundidad donde el amor luchaba por emerger completo. No era perfecto aún —había silencios cargados, momentos en que su mirada se nublaba con confusión—, pero era nuestro, un drama de reconstrucción que me llenaba de una pasión con