Habían pasado nueve días desde el ataque en Belgravia. Nueve días en los que la mansión Harrington había dejado de ser un campo de batalla para convertirse, contra todo pronóstico, en un hogar. Gael llegaba de la clínica antes de las siete, se quitaba la bata blanca en el vestíbulo y subía directamente a la habitación donde Marcela lo esperaba leyendo o simplemente descansando con la mano sobre el vientre.
La encontraba siempre con la misma expresión: cansada, hermosa, con ese brillo de desafí