Capítulo 102 El Nacimiento en la Tormenta.
La lluvia caía con furia bíblica sobre Londres, un diluvio que parecía querer lavar la ciudad entera de sus pecados. El pequeño hotel cerca del aeropuerto temblaba bajo los truenos, las luces parpadeando como si la tormenta estuviera decidida a arrancarles hasta la última esperanza. Marcela y Gael seguían abrazados en la habitación 112, empapados por la lluvia y por las lágrimas, respirando agitados, como si acabaran de salir de una guerra.
Él la tenía sujeta por la cintura, la frente apoyada en la suya, repitiendo una y otra vez su nombre como una letanía. Ella lloraba en silencio, el rostro hundido en su cuello, las manos aferradas a su camisa como si soltarlo significara desaparecer.
—No te vayas —susurraba él, la voz rota—. Por favor, Marcela. Quédate conmigo.
Ella no respondió con palabras.
Solo lo besó. Un beso desesperado, hambriento, lleno de todo lo que no habían dicho en meses: miedo, rabia, amor, deseo. Sus bocas se devoraron, dientes chocando, lenguas peleando por espac