POV Martina
Han pasado cuatro años desde que Manuela dejó de existir. La mansión ya no huele a pólvora ni a secretos. Huele a pan recién horneado, a pintura al óleo (porque sigo pintando cada tarde), a jabón de bebé y a la colonia de madera que Santiago sigue usando desde que volvimos a ser nosotros.
Hoy es domingo. El jardín está lleno de globos blancos y dorados. Es el cuarto cumpleaños de Santí, nuestro pequeño terremoto de rizos negros y ojos verdes que heredó de su padre la sonrisa traviesa y de mí la terquedad. Los gemelos, Gabriel y Gabriela, ya tienen nueve años y corren como locos organizando una caza del tesoro que ellos mismos inventaron.
Gabriel, serio y protector como siempre, lleva a Santí de la mano para que no se caiga. Gabriela grita órdenes con la autoridad de una general en miniatura. Y en el centro de todo, Santiago.
Mi Santiago.
Está de rodillas en la hierba, con Leo subido a sus hombros, riendo a carcajadas mientras los gemelos le lanzan serpentinas. Tiene cana